¿Es el agentic commerce un oasis o un espejismo?
El agentic commerce se está consolidando como una de las grandes promesas del nuevo internet, pero todavía está lejos de ser una realidad madura. El análisis de AdExchanger plantea precisamente esa duda: si estas experiencias acabarán convirtiéndose en una nueva capa estable del comercio digital o si, por ahora, siguen siendo más una promesa que un modelo consolidado.
Las señales iniciales invitan al optimismo. Según el artículo, casi el 20% de los compradores que interactúan con Rufus en Amazon piden más información sobre una marca; los usuarios que usan Sparky en Walmart gastan de media un 35% más por pedido; y Shopify asegura que los pedidos procedentes de búsquedas con IA se han multiplicado casi 13 veces, mientras el tráfico impulsado por IA hacia sus tiendas ha crecido 8 veces interanual. Pero esos datos conviven con una experiencia todavía débil. El propio Andy Jassy reconoció que los agentes horizontales de terceros siguen fallando en precio, precisión de producto y personalización. Ahí es donde compañías como Shopify, Criteo o Instacart creen tener ventaja: trabajar con catálogos propios, pricing actualizado y señales de compra más fiables que las que pueden ofrecer modelos apoyados sobre scraping del open web.
Quizá el valor real no está en reemplazar el ecommerce actual, sino en hacerlo más eficiente. En Walmart, por ejemplo, Sparky ya se usa para sugerir productos a partir de patrones repetitivos de compra, mientras que en la integración con ChatGPT algunas de las categorías más vendidas son suplementos proteicos y vitaminas, señal de que estos asistentes pueden capturar intención en momentos conversacionales más complejos.
La gran incógnita sigue siendo la monetización. Criteo ya ha probado anuncios agentic con LLMs, pero todavía no tiene claro qué modelo económico sostendrá esa capa a escala. Instacart mantiene una visión parecida: entiende estas experiencias como una fuente incremental de demanda, aunque todavía en una fase muy temprana.
El agentic commerce ya genera suficientes señales como para que nadie importante quiera quedarse fuera, pero sigue sin estar claro cuánto de esa promesa acabará convirtiéndose en negocio real.