Las marcas redoblan su apuesta por los creadores de contenido medianos para impulsar ventas y conversión
La industria de los creadores de contenido entra en una nueva etapa marcada por el crecimiento de los creadores de perfil medio. Mientras las grandes figuras del sector se consolidan como auténticas celebridades digitales capaces de cerrar acuerdos publicitarios de seis cifras, una capa mucho más amplia de creadores está construyendo negocios sostenibles desde posiciones menos visibles, pero cada vez más relevantes para marcas, plataformas y agencias.
Este segmento intermedio está formado por perfiles que no necesariamente cuentan con audiencias masivas, pero sí con comunidades más concretas, especializadas y comprometidas. En muchos casos se trata de expertos en nichos determinados, educadores, divulgadores o aficionados que han convertido su contenido en una actividad económica apoyada en varias fuentes de ingresos. Su modelo de monetización suele combinar newsletters, cursos, productos digitales, acuerdos de afiliación, social commerce, colaboraciones con marcas y partnerships más pequeños, pero recurrentes. Más que perseguir grandes campañas aspiracionales, estos creadores representan la versión más cotidiana y operativa del mercado. Son el “everyday creator” del que cada vez más habla la industria: perfiles capaces de activar comunidades con credibilidad, mover ventas y generar resultados sin necesidad de convertirse en una figura de masas. Para algunos sigue siendo una fuente de ingresos extra; para otros, una actividad con potencial de convertirse en un negocio a tiempo completo si el ecosistema mejora sus niveles de remuneración.
Aunque el mercado no utiliza una clasificación única, la categorización más habitual sigue dividiendo a los creadores en varios niveles. Se considera nano a quienes tienen hasta 10.000 seguidores, micro a quienes se sitúan por debajo de 50.000, mid a quienes operan en un rango intermedio, macro a los perfiles de entre 500.000 y 1 millón y mega a quienes superan el millón de seguidores. Sin embargo, distintos players del sector empiezan a cuestionar el valor predictivo de estas etiquetas. La razón es simple: el volumen de seguidores ya no basta para anticipar engagement, credibilidad o capacidad de conversión. Desde varias compañías del ecosistema se insiste en que esta “clase media” de creadores está mucho más cerca del “mundo nano y micro” que del universo de los grandes influencers. Y, además, representa un colectivo enorme. En la práctica, es ahí donde se concentra una parte creciente de la actividad comercial vinculada al marketing de contenido, especialmente en campañas orientadas a ventas, recomendación de producto, afiliación y formatos de commerce media.
El giro también está siendo impulsado por un cierto desgaste del modelo basado en macrocreadores. Muchos consumidores muestran cansancio ante perfiles que, con el paso del tiempo, se han convertido en lo que algunos ejecutivos del sector definen como “escaparates publicitarios”: soportes con gran visibilidad, pero cada vez menos autenticidad percibida. Frente a eso, las marcas están empezando a valorar más a creadores con comunidades más pequeñas, pero con relaciones más directas, creíbles y accionables. Ese cambio de mentalidad ya se traduce en iniciativas concretas. El lanzamiento del nuevo programa de creadores de Urban Outfitters, dirigido a perfiles con menos de 10.000 seguidores, es una señal clara de cómo algunos anunciantes están ampliando su foco más allá de los nombres virales. El interés no está solo en la notoriedad, sino en la capacidad de activar ventas y recomendaciones dentro de audiencias con afinidad real.
Pese a esta evolución, la estructura económica del mercado sigue siendo muy desigual. CreatorIQ reveló recientemente que el 10% de los creadores concentró el 62% del total de pagos en 2025, un dato que refleja una brecha creciente entre la élite del sector y el resto del ecosistema. Aunque los ingresos medios aumentaron en los últimos años, la mediana salarial permaneció prácticamente plana entre 2023 y 2025, lo que apunta a una realidad incómoda: el crecimiento económico existe, pero se está distribuyendo de forma muy desequilibrada. En otras palabras, las grandes estrellas no solo siguen ganando más, sino que podrían estar capturando una parte aún mayor del valor generado en la economía de creadores. Esto plantea un problema estructural, especialmente en un contexto donde muchos de estos perfiles viven en grandes ciudades estadounidenses con costes de vida muy elevados. Para un creador intermedio, alcanzar una cifra como 100.000 dólares al año ya no garantiza el mismo nivel de estabilidad que hace una década. Aun así, las marcas parecen estar ajustando su estrategia. Cada vez más anunciantes quieren trabajar con lo que algunas compañías llaman “creator operators”: perfiles menos virales, pero más consistentes, profesionales y orientados a resultados. En paralelo, plataformas y agencias como Devotion o LTK están desarrollando estructuras para facilitar el escalado de acuerdos con estos creadores de tamaño medio, reduciendo la dependencia de unos pocos nombres estrella y ampliando el acceso a inventario humano más distribuido.
Los datos de performance refuerzan esa apuesta. La compañía de marketing de afiliación Levanta aseguró a Digiday que el segmento mid-tier creció 10 veces más rápido que el de macrocreadores durante los últimos seis meses. Además, este grupo habría registrado un mayor incremento en ventas y una tasa de conversión ligeramente superior. Según esos datos, los creadores de entre 50.000 y 1 millón de seguidores se están consolidando como el motor de mayor crecimiento del comercio de creadores, con una conversión del 6%, frente al 5% atribuido a los perfiles macro. La lectura para el mercado es clara. Los creadores medianos no solo ofrecen una propuesta más asequible para muchas marcas, sino también una conexión más fuerte con audiencias que confían en sus recomendaciones. Su influencia se apoya menos en la espectacularidad y más en la cercanía, la afinidad temática y la percepción de autenticidad. En un momento en el que el social commerce gana peso y la presión por demostrar retorno es cada vez mayor, ese tipo de relación se convierte en un activo muy valioso. Este fenómeno tiene especial relevancia en entornos como la afiliación o TikTok Shop, dos áreas donde los creadores de perfil medio suelen desenvolverse con mayor naturalidad. Según CreatorIQ, el 34% de las agencias cree que el social commerce será uno de los grandes factores disruptivos del mercado en los próximos años. Si esa previsión se cumple, es razonable pensar que los enlaces de afiliación, las recomendaciones transaccionales y los entornos de compra integrados ganarán aún más protagonismo en las estrategias de marketing. Y ese es precisamente el terreno donde la clase media de creadores puede capturar más valor.
En cuanto a plataformas, YouTube aparece como una opción especialmente sólida para este perfil. Influencer Marketing Factory apunta que el 20,7% de los creadores de perfil medio logra situarse en la franja de entre 10.000 y 50.000 seguidores en YouTube, frente al 19,1% de TikTok y el 13,5% de Instagram. Además, YouTube lidera en volumen de seguidores en prácticamente todos los niveles de creadores, salvo en el segmento de entre 1.000 y 10.000 seguidores. El hecho de que la plataforma ya haya superado a Paramount en ingresos publicitarios también refuerza su posición como un entorno especialmente atractivo para crecer y monetizar. Sin embargo, acceder a una trayectoria sostenible sigue siendo complicado para quienes empiezan o intentan escalar desde fases iniciales. El sector de creadores de contenido ofrece más oportunidades que hace unos años, pero también está más profesionalizada, más saturada y más condicionada por algoritmos, costes de producción y presión competitiva. En ese escenario, el crecimiento existe, pero no siempre se traduce en estabilidad financiera.
Eso se refleja también en la dedicación laboral. Según el informe State of Creator Marketing 2025-2026 de CreatorIQ, cerca del 60% de los creadores se considera full-time, mientras que el 40% se identifica como part-time. Esa proporción muestra hasta qué punto el mercado todavía convive con un elevado componente semiprofesional. Muchos creadores generan ingresos, pero no suficientes como para abandonar del todo otras actividades. La expectativa del sector es que esta situación pueda cambiar en los próximos años si el crecimiento del social commerce y la afiliación termina beneficiando también a los perfiles intermedios.
La inteligencia artificial añade otra capa a esta transformación. Diversos players de la industria consideran que las herramientas de IA reducirán barreras de entrada, facilitarán la producción de contenido y permitirán que más personas participen en la economía de creadores. Bajo esa lógica, perfiles como una enfermera, una madre en Ohio o un estudiante universitario tendrían hoy un potencial algorítmico más parecido al de un macrocreador de lo que ocurría hace solo unos años. Pero esa democratización de la creación también puede incrementar la competencia y presionar aún más los precios si no se corrigen los desequilibrios de remuneración.
Las cifras de ingresos reflejan con bastante crudeza esta realidad. Casi la mitad de los creadores analizados por Influencer Marketing Factory gana menos de 10.000 dólares al año gracias a su actividad. Otro 45,6% se sitúa entre 10.000 y 100.000 dólares anuales. Solo el 2% supera los 250.000 dólares. Es decir, la inmensa mayoría de los creadores sigue moviéndose en niveles de ingresos modestos o intermedios, incluso en un contexto donde su aportación a ventas y conversión es cada vez más evidente.
El componente geográfico tampoco es menor. La base de datos de Traackr identifica más de 770.000 creadores en Estados Unidos dentro del rango medio, es decir, entre 10.000 y 500.000 seguidores en distintas plataformas. De aquellos de los que se dispone información de localización, la mayoría se concentra en Nueva York y Los Ángeles, dos de los grandes polos de oportunidad del sector, pero también dos de los entornos más caros para vivir y profesionalizarse. Para muchos creadores, eso hace todavía más difícil convertir una actividad en crecimiento en una carrera económicamente sostenible.
En conjunto, el mercado está dejando atrás una visión demasiado estrecha de la creator economy centrada solo en grandes nombres y campañas de visibilidad. La siguiente fase se perfila como un ecosistema más distribuido, más orientado a performance y más dependiente de creadores que operan en la franja intermedia. Son ellos quienes están impulsando una parte creciente del creator commerce, sosteniendo la expansión del social commerce y aportando resultados medibles a marcas que necesitan eficiencia, autenticidad y capacidad de conversión.
La gran incógnita es si ese cambio estratégico vendrá acompañado de un ajuste económico real. Porque la clase media de creadores ya está generando valor, ya está moviendo ventas y ya está ocupando un espacio cada vez más importante dentro de los planes de marketing. La cuestión es si el mercado será capaz de retribuir ese papel con un modelo más equilibrado. Si no lo hace, la nueva fase de la creator economy podría crecer sobre una base tan esencial como frágil.